Las (verdaderas) chicas del cable que estaban detrás del auricular

CARLOTA CHIARRONI

  • La primera producción de Netflix en España, basada en la década de los años 20, sigue la vida de unas telefonistas en Madrid.
  • Ángeles, Maribel, Ángela y Mercedes formaron parte de la plantilla de la compañía telefónica, ejerciendo de intermediarias entre emisor y receptor.
  • Para todas ellas, el trabajo les concedió una autonomía y una libertad que no todas las mujeres de la época pudieron disfrutar: “La mayoría no trabajaban”.

Las (otras) chicas del cable

Corría el año 59 cuando Ángeles acudió a una prueba en la compañía de teléfonos que en 1924 comenzó a expandirse con rapidez por España. En unas décadas, el entramado de cables ocupó una superficie cada vez mayor. Pero, para que las llamadas se realizaran con éxito, no bastaba solo con levantar el auricular. Al otro lado de la línea estaban entonces ellas, las telefonistas.

Su figura, una suerte de intermediario entre emisor y receptor, era fundamental e imprescindible para atender las peticiones de los usuarios y conectar a las personas. Vecinos de la zona, Casa Real, ministros, políticos o figuras relevantes de la farándula. Todos pasaban por sus manos… y sus oídos, hasta la faraona. ¿Espiaba algunas conversaciones? “No”, comenta divertida a este medio. “Bueno, a veces cuando Lola Flores hablaba con sus amores…”. La regla era la siguiente: confidencialidad y discreción absoluta.

El teléfono era la tecnología del momento y Ángeles, que tenía todos los requisitos necesarios para pasar esas pruebas con éxito (brazos largos, aspecto agradable e idiomas), rechazó el trabajo de comercial que desempeñaba en Galerías Preciados (“y eso que me pagaban más”) para formar parte de la plantilla de chicas que hoy ha inspirado la primera serie de televisión de Netflix en España, Las chicas del cable, disponible desde finales de abril.

Lo hizo a los 23 años vestida con el uniforme de la época (un vestido azul marino y cuello blanco) y con la soltura que da el haber crecido entre paneles y manivelas rudimentarias gracias a su tía, una de las empleadas. El destino quiso que allí, ya como supervisora, conociera a Ángela y a Mercedes, para quien la serie muestra un lado “demasiado fiestero”. “Se ve al personal integrado en las fiestas y en realidad aquello estaba más delimitado”.

Ellas se abrieron paso en un mundo que limitaba las oportunidades laborales de las mujeres. “No todo el mundo trabajaba o estudiaba”. Pero ellas compaginaban todo en sus descansos y ratos libres.”Casi todas las mujeres eran peluqueras o costureras”, añade Ángeles.

A cientos de kilómetros de distancia y algunos años más tarde, Maribel se dedicó a esto mismo en Teba (Málaga), en una central de 5.000 habitantes. Por el día llevaba telegramas, cobraba y cuadraba cuentas. Por la noche, su casa, la única del pueblo con teléfono, se convertía en el locutorio perfecto y en el epicentro de los cotilleos, de los que no quería ser partícipe. “Si yo le decía a un marido o una mujer ‘sí, su casa llama mucho al 15’ ya sabían… y no. Discreción ante todo”, puntualiza.

Se presenta como una mujer que siguió una línea “diferente a las de su generación”. “Cuando cumplí 18 años me quería sacar el carné y entonces eso era solo para los hombres. Pues yo no me saqué solo el de coche, sino también el de moto. Eso sí, a regañadientes con mi padre”, dice entre risas.

La autonomización del servicio acabó por desbancar a las telefonistas, pero aun así ninguna se quedó “en casa cuidando de los niños”, sortearon los cánones de la época. “Siempre he sido independiente”, cuenta esta malagueña a 20minutos.es. Esa “libertad” que les concedió el trabajo es el común denominador de todas ellas y lo que las motivó para abrirse paso en un mundo dominado por hombres y a seguir luchando a día de hoy. “Seguimos en la empresa, aunque ahora de voluntarias. Nosotras somos las verdaderas chicas del cable“.

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