El ‘asesino de la catana’ se enfrenta al juicio mediático con un documental en DMAX

ISRA ÁLVAREZ

  • Diecisiete años después de cometer el terrible crimen que acabó con la vida de sus padres y su hermana pequeña, José Rabadán habla en televisión.
  • ‘Yo fui un asesino: el crimen de la catana’ es un documental de DMAX que recoge imágenes inéditas, entrevistas y el testimonio de Rabadán.

'Yo fui un asesino'

El 1 de abril del año 2000 España se despertó con una noticia terrible, de las que obligan a leer el titular dos veces: Un joven de 16 años asesina a sus padres y a su hermana pequeña con una catana. Por el arma del crimen sería conocido para siempre: el asesino de la catana.

Diecisiete años después, de los cuales apenas seis fueron de condena en un centro de menores, José Rabadán es un ciudadano anónimo, casado con una mujer de etnia gitana y padre de una niña de 3 años. Trabaja como bróker de Bolsa y profesa el culto evangélico, donde conoció a su esposa.

Nadie le conoce, pero se ha prestado a dar la cara en Yo fui un asesino: el crimen de la catana, un documental de dos entregas que DMAX emite este miércoles 29 y el jueves 30 de noviembre, a las 22.30 horas.

“Me he rehabilitado y la forma en la que lo he hecho puede ayudar a otras personas”, dice Rabadán en el documental sobre su decisión de salir del anonimato que el olvido y los años le han dado. Fue un proceso largo, según revelan los responsables del documental y en concreto el periodista Israel López, fueron “dos años de conversaciones con él, hasta que se decidió a dar el paso”, después de que fuera contactado por la productora, que se encontraba buscando testimonios para elaborar el documental sobre aquel crimen.

Esa búsqueda resultó en más de 20 entrevistas, algunas inéditas, como la que concede el comisario que llevó el caso, el mejor amigo de Rabadán cuando cometió los asesinatos, periodistas que siguieron las informaciones y gente del entorno del joven. Además, Yo fui un asesino: el crimen de la catana muestra por primera vez unas imágenes que ponen los pelos de punta: el vídeo que grabó la policía en la escena del crimen. Y aunque sólo se muestran las tomas que se hicieron tras retirar los cadáveres, el escenario es abrumadoramente sanguinolento y cruel.

El documental, que incluye una larga entrevista con el asesino de la catana, hace además una reconstrucción de los meses previos al crimen, de cómo era Rabadán a los 16 años, de su obsesión por las artes marciales y las lecturas sobre satanismo y la relación que mantenía con sus padres y su hermana, la pequeña de 9 años aquejada de síndrome de Down.

El desasosiego es el sentimiento más cercano a lo que uno puede sentir al oír a Rabadán en el documental hablando del amor que le tenía a las personas a las que mató a sangre fría, especialmente por el cariño que asegura que tenía por su inocente hermana, a la que le quitó la vida en último lugar.

Rabadán narra en Yo fui un asesino: el crimen de la catana cómo lo hizo, con todo detalle, cómo lo preparó y ejecutó sin dudar. Lo que no queda claro es el porqué. O quizá salen a la luz varios motivos, aunque ninguno acabe de calmar la duda y la estupefección del espectador ante un crimen tan carente de sentido.

Dividido en dos entregas de una hora cada una, el documental se centra en tres aspectos de aquellos hechos: Entender y conocer el crimen; el juicio, la sentencia y la polémica por la laxitud de la condena y la preguntas y dudas sobre su rehabilitación y reinserción, que Radán parece insinuar que fue debida a sus creencias religiosas.

A partir de ahí sólo queda preguntarse cómo reaccionará el entorno del que fue el asesino de la catana tras la emisión del documental, pues pocos saben en la actualidad quién fue. Empezando por su hija, a la que Rabadán quiere explicarle que de joven su padre hizo “algo malo”, pero que ahora es “un buen padre”.

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