‘Control de fronteras: España’: las aduanas dan mucho juego en televisión

ISRA ÁLVAREZ

  • Así se graba ‘Control de fronteras: España’, que estrena temporada en DMAX y muestra la labor de los agentes en las aduanas y fronteras españolas.
  • Drogas, objetos peligrosos y cosas tan exóticas como carne de mono preparada para el consumo son algunas de las cosas que se interceptan.

Control de Fronteras

Después de 25 años trabajando en la aduana del aeropuerto de Adolfo Suárez Madrid Barajas “se coge experiencia en detectar mentiras“, cuenta Vicente (se omite el apellido por seguridad), especialista fiscal y de fronteras de la Guardia Civil. Él es uno de los agentes que colaboran en la grabación de Control de fronteras: España, cuya segunda temporada se podrá ver en DMAX desde este miércoles 5 de abril, a las 22.30 horas.

Se trata de la edición española de un programa que se graba y emite en varios países, siendo la edición española una de las más completas puesto que nuestro país cuenta con fronteras marítimas, terrestres y aéreas por donde cada día entran y salen mercancías y personas, algunas de las cuales cometen el error de intentar contravenir la ley.

20minutos.es ha acompañado a dos de los profesionales que trabajan en la grabación de Control de Fronteras para comprobar cómo se realiza este programa, en concreto, en las escenas que competen al aeropuerto de Barajas. Dani Salas es cámara y Raúl Barbas redactor de Control de Fronteras. Su trabajo es acompañar a los Guardias Civiles que trabajan en la aduana y que se encargan de revisar las pertenencias de quienes intentan acceder a nuestro país, sobre todo los provinientes de los denominados “vuelos calientes”, aquellos que provienen de países productores de droga.

“Llegamos y vemos quiénes van a ser los agentes que van a estar guiándonos durante el día”, explica Barbas, pues sólo algunos guardias se prestan a ponerse ante las cámaras. Los que lo hacen lo tienen claro, quieren “enseñar a toda España y el mundo el trabajo que realiza la Guardia Civil”, dice Hilario, otro de los Guardias que colabora en el programa.

 Cámara y redactor pasan las horas viendo cómo los agentes realizan su trabajo, inspeccionando equipajes, escaneándolos… “ellos nos guían y en caso de conflicto nos dicen cómo hemos de actuar“. Y es que grabar a una persona que transporta droga, por ejemplo, y que probablemente irá a la cárcel tiene sus normas. “En el momento en que una persona puede ser detenida tenemos que tener mucho cuidado con lo que grabamos y cómo lo grabamos, porque ya va a haber un abogado de por medio y lo que nosotros hagamos puede interferir en buen término del caso”, explica Barbas.

Hay que tener mucho cuidado con qué personas quieren salir en el reportaje y quienes no, tanto los Guardias Civiles y de Aduanas como con los posibles detenidos”. Pero ¿y si alguien no quiere salir? “Les informamos de que estaremos grabando pero que su cara aparecerá borrada, por lo que su intimidad queda resguardada”, explica el redactor del programa.

La mayoría de los “vuelos calientes” llegan a Barajas entre las seis de la mañana y las cuatro de la tarde, pero en cualquier momento cámara y redactor pueden recibir una llamada. “A veces estás en el parque con la niña y te llaman porque va a haber una intervención especial“, explica el redactor.

Al año se han llegado a incautar en Barajas hasta 2.500 kilos de cocaína, con unos 900 detenidos al año, a pesar de eso, el trabajo no es tan intenso como pudiera parecer: “hay días que grabamos dos megacasos de alguien que traía mucha droga y un intento de traer una expedición comercial sin declarar súper grande, depende. A lo mejor salen un par de casos potentes por semana de media”, dice Barbas.

Poco a poco, Salas y Barbas han desarrollado trucos para no quedarse sin una imagen. Por ejemplo, graban recursos y previas si saben que viene alguien con droga por un aviso, porque “si nos ven grabando pueden sospechar y no recoger la maleta con la droga“, explican.

En el equipaje de los pasajeros se encuentra de todo: heroína, cocaína, anfetaminas, armas, objetos como punzones, bastones estoque, plantas, comida, arena de otros países (cuya introducción en España está prohibida), culebras, pájaros, marfil, pieles… Con todo, no es lo más raro que se han encontrado. El Guardia Civil Vicente explica que hace unos 15 años encontraron “un gorila que venía de Guinea. Era un gorila vivo que venía en un carrito, disfrazado de bebé. Lo tuvimos una semana aquí criándolo con biberón hasta que se hizo cargo el zoológico de Barcelona”.

Esta temporada veremos también cómo unos contrabandistas pretendían mover cientos de kilos de angulas vivas procedentes de Vigo y que iban camino de China. “Una maleta no recogida, que se denomina ‘rush’ se pasó por el escaner y se vio que lo que había dentro tenía rabo. Decidieron abrirla en presencia de la Agencia Tributaria y dentro había pangolines, roedores y un mono despiezado, que había estado descongelado pero se había derretido y que estaban preparados y despiezados para el consumo.

Seguridad puntera

La Guardia Civil no controla solo lo que llega, también todas y cada una de las maletas que se facturan a diario. El Sistema Automatizado de Tratamiento de Equipajes (SATE) está orientado a la seguridad y antiterrorismo, pero aún así es una fuente inagotable de intervención de objetos o mercancías prohibidas. Es un sistema puntero que pocos aeropuertos poseen y que escanea todas las maletas sin que estas se detengan, mientras ruedan por las cintas de transporte.

Tiene cinco niveles:

  1. Se escanean las maletas de forma automática poco después de pasar por el mostrador de facturación.
  2. Si el sistema detecta algo en la fase automática, se deriva a un guardia de seguridad, que inspecciona la imagen.
  3. Si se considera que está “sucia” se deriva a un guardia civil, que la reinspecciona. Se utiliza un escáner especial, similar a un TAC, que permite ver la maleta por cortes de imagen y en sus diferentes texturas y densidades.
  4. Se localiza físicamente la maleta y al dueño de la misma y se abre para su verificación.
  5. Solo si hay sospecha de explosivo, la maleta pasa a una cápsula antiexplosión y se deriva a una sala especial apartada del aeropuerto, siempre de forma automática.

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