Brian Yorkey (‘Por trece razones’): “No nos gusta hablar del suicidio, pero eso lo empeora todo”

CARLOTA CHIARRONI

  • “Respeto todos los puntos de vista y soy consciente de que la serie no es para todo el mundo, pero no se ha tomado el suicidio a la ligera”, dice sobre la serie.
  • Ahora aprovecha el tirón de ‘Por trece razones’ para estrenar en España el musical rock ‘Casi normales’, que contará con la interpretación de Nina.
  • En el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria a partir del 14 de septiembre y en la Sala Barts de Barcelona desde el 27 de ese mes.
  • A Madrid llegará al teatro La Latina el 14 de diciembre.

Por trece razones

Viene de grabar uno de los capítulos de la segunda temporada de Por trece razones, la polémica serie sobre el acoso escolar y el suicidio adolescente que le ha valido un archivo en la Wikipedia y le ha situado en el mapa mundi de los espectadores. Defensores y detractores de la ficción le colocan en lugares ideológicamente opuestos. En ningún caso en la neutral Suiza.

Pero lo cierto es que detrás de ese aspecto afable y voz amable se esconde una figura con varios premios Tony a la espalda por una obra que está a punto de cumplir su primera década en cartel. El musical Casi normales, que ha recorrido las tablas de distintos países del mundo, llega ahora a España (Canarias, Barcelona y Madrid con Nina como actriz principal) aprovechando el tirón de la serie de Netflix que dirige.

Se trata de un musical rock que supone un mosaico de su propia vida y de la de aquellos que le acompañaron en su camino hacia la madurez. La pieza, “profundamente emocional, honesta” y “atractiva a un público reacio a este tipo de espectáculos”, narra la historia de una familia que lucha por ser “normal” obviando el trastorno bipolar que padece uno de sus miembros. Esa enfermedad, así como la pérdida, la psiquiatría moderna y el abuso de los psicofármacos, vertebran su obra más personal.

Pero ¿qué es ser normal?, pregunto al otro lado de la línea. “Es algo que nos ha hecho dudar a muchos de nosotros y a nuestras familias y que nos hace avergonzarnos de nuestros problemas. Para mí lo normal no existe, lo fingimos. Lo fingimos porque es lo que manda la sociedad. En vez de que nos importen otras cosas nos interesa tener una familia normal y comportarnos así… y no nos damos cuenta de que lo normal es menos importante que estar sano o ser feliz. A mí, no me preocupa nada”.

Un director sin tabús

Las temáticas de las dos (Por trece razones y Cosas normales) encuentran más similitudes que diferencias y le perfilan como un director que encuentra en los tabús sociales su fetiche. Suicidio y buyilling en la primera. Conflictos familiares y enfermedades mentales en la segunda. Le gusta incomodar, hacer recapacitar y crear debate por dos motivos. El primero porque “ser escritor significa escribir sobre cosas que dan miedo”. “Así es como te superas. Te permite cavar en lo más profundo”. ¿Y el segundo?, pregunto. “El otro motivo… porque creo que en Estados Unidos, aunque seguro que pasa en otras culturas, pasamos un mal rato si hablamos de temas dolorosos, personales, difíciles y que nos dan vergüenza”, asegura con contundencia. A los anteriores suma también la depresión.

El silencio que se crea alrededor de estas problemáticas es, a su juicio, uno de los mayores errores que comete la sociedad, y por ello encuentra en los guiones y en la dirección una herramienta inusualmente práctica para combartirlas. Es su profesión, pero también un lugar donde libra su guerra particular. “Ese silencio y la vergüenza que lo rodea lo empeora todo. Una de las cosas que consigue la ficción es hacer hablar a la gente de temas que son reales pero que no se tratan. Si alguien está sufriendo puede hablar de los personajes que se encuentran en esa misma situación y quizá, a raíz de eso, puede empezar a contar lo que le pasa”.      

“La serie no glamuriza el suicidio”

Eso mismo ocurrió con Por trece razones. “Ha ayudado a la gente a hablar de algo que ahora empezamos a entender y a curar”. Y es verdad. Las cintas de cassette en las que Hannah Baker desnuda las razones de su suicidio y apunta con el dedo acusador a los culpables que la motivaron a ello aterrizó con impacto y entre los algodones de crítica y una parte del público.

Su mensaje abrió un debate a nivel mundial durante semanas: ¿Está bien mostrar un contenido tan explícito y sensible a los jóvenes? ¿Glamuriza el suicidio? ¿Cómo puede afectar a los adolescentes? Las respuestas de los espectadores nunca se encontraban en la escala de grises: o blanco o negro, o bueno o malo. A pesar de que la serie se ha consagrado como uno de los éxitos del año, algunas colectivos y asociaciones se echaron las manos a la cabeza y pusieron el grito en el cielo. Nueva Zelanda fue un paso más allá y decidió prohibir su visionado.

“Respeto todos los puntos de vista”, asegura, “y soy consciente de que la serie no es para todo el mundo, pero todos los que han visto de cerca el proceso saben que no se ha tomado a la ligera. De hecho, se muestra lo doloroso que es para la persona que lo sufre y para los que deja detrás. La serie es muy clara. El suicidio no es glamuroso, pero eso no significa que haya que evitar hablar de ello”. “Durante mucho tiempo la alternativa ha sido el silencio, y este lleva a la vergüenza, lo que hace más difícil que la gente que necesita ayuda la pida”.

Ahora se encuentra inmerso en el rodaje de la segunda temporada, que buceará en la vida de los compañeros de Hannah y cómo han logrado recobrarse de la tragedia. “Veremos a Hannah Baker porque resulta que no se ha contado toda la historia. Ella contó su visión, pero hay otro lado, la persona a la que acusa. Y a través de ellos entenderemos mejor quién era ella, cómo era y por lo que pasó”.

Para su próximo trabajo meterá la mano en la caja de los tabús sociales y en la “rabia y dolor” que marca esta época, “desde la política a la infancia”. Su objetivo: hacer trabajos que puedan ayudar a la sociedad. “Si lo consigo me sentiría muy complacido”.

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